--

El volcán que te llama a conquistar su cumbre. Desde la distancia, Pasochoa parece un gigante dormido; su cráter en forma de herradura susurra historias milenarias. Tiene 4?200?m de altura y hace unos 100?000 años sufrió una erupción tan poderosa que colapsó su antiguo cono, dejando un anfiteatro natural que hoy alberga uno de los pocos bosques andinos originarios que quedan en Ecuador.
Caminar sus senderos es sumergirse en la leyenda misma: murciélagos, pumas, zorros, cóndores y más de 120 especies de aves reservan este santuario como hogar.
Sus 500 hectáreas con????????????????????????????????????????forman un refugio de vida silvestre atemporal, un laboratorio natural donde se estudian plantas, humedales y páramos auténticos, sin igual en la región.
La ruta comienza cerca de los 2?800?m, donde se atraviesa una antigua finca, hasta internarse en el bosque nublado, tapiz de helechos gigantes, orquídeas y líquenes que cuelgan de los árboles.
Su camino es una larga subida, llegando a empinarse para conquistar su cumbre. Atravesarás páramos que siguen rasgando nubes y pensamientos. A más altura, el aire pesa y cada paso es un triunfo sobre tu propio cuerpo .
En unas 2-3 horas, alcanzarás la cima rocosa y sentirás un silencio absoluto: el murmullo de los vientos y tu propio pulso marcando el ritmo de la victoria.
Significa ?Viudo solitario? en lengua panzaleana: su caldera, abierta al oeste, lo hace lucir aislado entre los picos vecinales.
Ese bosque dentro del cráter es tan virgen que algunos árboles tienen más de 200 años, y entre sus troncos altos se esconden pumas y cóndores, silenciosos maestros del páramo.
En las noches, el cielo sobre Pasochoa regala un espectáculo de estrellas como pocos: sin contaminación lumínica, las constelaciones parecen rozar la cumbre.
Estás junto al precipicio del anfiteatro, el aire helado te golpea la cara, ves Cotopaxi y Rumiñahui elevarse más allá sobre el valle, y el horizonte se despliega en una explosión de colores antes del amanecer. Cada inhalación es un triunfo; cada mirada, un susurro de eternidad.
Quienes descienden de Pasochoa no bajan solos: la montaña cura ansiedades, arranca miedos y despierta una necesidad irrefrenable: ?Volveré?. Vuelves cargado de historias, de un legado personal que puedes compartir o simplemente guardar para ti. Pasochoa te transforma en sendero, y el sendero en leyenda.
¿Quieres unirte a la siguiente salida?

Para más información, CLIC AQUÍ.
¡Nada más date prisa porque los cupos son limitados!